"Simòn, que practicaba la hechicería, todos, desde el màs pequeño hasta el màs grande, le prestaban atención, lo seguían y exclamaban: "Este hombre es al que llaman el Gran Poder de Dios".
(Hechos 8:10).
El hombre, por su naturaleza, siempre se ha dejado llevar por lo extraordinario, siempre al hombre le apasiona lo raro, lo extraño, lo oscuro, lo que se sale de lo natural. Y, la hechicerìa no queda fuera de èste renglòn. Cuando Felipe llegó a Samaria a predicar el evangelio de Cristo, llegó con prodigios y señales, pero, había en esa ciudad un hechicero llamado Simòn, al que la gente llamaba el Gran Poder de Dios, y por lo tanto lo seguìa. ¿Còmo entonces reconocemos quièn tiene el poder de Dios y quièn es hechicero en nuestros días? La respuesta nos la da èste mismo pasaje. Quien tiene verdaderamente el Poder de Dios no lo hace por dinero sino por amor. ¿Tan difícil es que entendamos el mensaje?
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