sábado, 2 de noviembre de 2013

Un sòlo fruto, pero què fruto.

"Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, fijò la mirada en el cielo y vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios".
(Hechos 7:55).

Al principio del libro de los Hechos, vemos que los apóstoles se vieron obligados a elegir a siete barones idóneos para servir a las mesas, y poderse ellos dedicar a la oración. Entre esos siete hombres estaba Esteban. Lo que los otros seis hicieron fue casi irrelevante, pero a Esteban se le menciona porque cuando lo estaban martirizando, dice la escritura que sus ropas las pusieron a los pies de un tal Saulo de Tarso.
Saulo de Tarso fue el único fruto de Esteban en su ministerio, pero què fruto. De no ser por Saulo, que luego se convertiría en el gran apóstol Pablo, no tuviéramos casi todo el Nuevo Testamento escrito. Así que, no midamos nuestros ministerios por la cantidad sino por la calidad de nuestros frutos. Meditemos. 

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