"Jesús salió de la ciudad y, como era su costumbre, se dirigió al monte de los Olivos... a orar".
(Lucas 22:39-40).
¿Por què Jesús sabìa lo que había de hacer y cuàndo había de hacerlo? Porque se reunía con el Padre en oración. ¿Por què Jesús sabìa lo que las gentes pensaban de èl o de las situaciones en que lo miraban involucrado? Porque se reunía con el Padre en oración. ¿Por què Jesús podía hacer los milagros que hacìa, incluso resucitar muertos? Porque se reunía con el Padre en oración. Simplemente, era su "costumbre".
¿Por què nosotros no sabemos què hacer y cuàndo hacerlo? ¿Por què nosotros no sabemos lo que la gente piensa de nosotros? ¿Por què nosotros no hacemos ni siquiera los milagros màs pequeños de los que hizo Jesús? Porque NO nos acercamos al Padre en oración. ¡Oramos "solamente" para el dìa de la angustia y para "esa" angustia! Si tan sòlo antes de irnos a enfrentar el mundo cada dìa, pasáramos cinco minutos delante de Dios, nuestra vida sería distinta, muy distinta.
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