Así dice el Señor:
No temas, mi siervo,
a quien he escogido.
Que regaré con agua la tierra sedienta,
y con arroyos el suelo seco.
Derramaré mi Espíritu sobre tu descendencia,
y mi bendición sobre tus vástagos.
Y brotarán como hierba en un prado,
como sauces junto a arroyos.
Uno dirá: "Pertenezco al Señor".
El otro escribirá en su mano: "Yo soy del Señor".
Y el otro: "Tomará para sí el nombre de Israel".
(Isaías 44:2-5).
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