"Dichoso aquel a quien tú, Señor , corriges..."
(Salmo 94:13).
¿A quién le gusta la corrección? ¿A quién le gusta el castigo? ¿A quién, en su sano juicio le gusta la pena, la carga, la verguenza? A nadie. Sin embargo, nos dice la escritura que: "por cuanto todos pecamos, todos estamos destituidos de la gloria de Dios". Pero, que en Cristo Jesús tenemos redención y justificación. Ahora bien, la redención es inmediata. En el momento en el que aceptamos que la sangre de Cristo es suficiente para perdonar nuestros pecados, somos salvos, somos redimidos de la muerte espiritual.
No es así con la justificación, pues esto significa: arreglar lo torcido, enderezar, poner derecho algo. Eso, sucede en el transcurso de nuestra caminata. Por ello, todo aquél creyente que cae en algún pecado es llamado a corrección. Vea el resto del versículo del salmo 94:13: "Para que enfrente tranquilo los días de aflicción mientras al impío se le cava una fosa". El fin del pío y el fin del impío son muy diferentes gracias a la corrección.
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