"Me has hecho ver la caída de mis adversarios y oír la derrota de mis malvados enemigos".
(Salmo 92:11).
Cuando caminamos bajo la sombra de Dios, vemos lo imposible suceder delante de nuestros ojos. Imagínese usted la escena: Cinco reyes poderosos y belicosos son vencidos por otros cuatro que no se diferenciaban en mucho de éstos. Tanto así, que en pelea directa los cuatro vencieron a los cinco, en esa batalla caen Sodoma y Gomorra incluido Lot y su familia. Pero Abraham, un hombre pacífico pero con Dios como respaldo, va y con 318 hombres no gurerreros vence a los cuatro reyes belicosos (vea Génesis 14). Y por si fuera poco, Dios le permite más tarde a Abraham, ver la destrucción total de esas cinco naciones por el fuego de los cielos (vea Génesis 19:28). A eso le llamamos la fidelidad de Dios.
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