"Aún en su vejez, darán fruto; siempre estarán vigorosos y lozanos... y tendrán fuerzas como de búfalo".
(Salmo 92:14 y 10).
Debido a las "consecuencias" que trae intrínsicas la vejez, muchas personas, especialmente hombres y mujeres vanidosos, evitan hablar o pensar en la edad real que poseen. La Palabra de Dios habla exceléntemente de los adultos mayores, exalta y en mucho a los ancianos; cuida, protege y vela por las personas mayores.
¿Cómo habla la Palabra de Dios de los adultos mayores?: Con excelencia: "Eran los ancianos, los que gobernaban la casa de Dios"; "Era a los ancianos, a los que había que darles un lugar de honor en toda reunión"; "Eran los ancianos, los que eran consultados en toda ocasión"; "Eran los ancianos, las personas más respetadas y venerables en toda ciudad". Entonces preguntamos: ¿Por qué ha de molestarnos el llegar a ancianos, si Dios promete darnos fuerzas como las del búfalo, mantenernos lozanos, y estar siempre vigorosos? ¿Acaso no podremos ser más útiles ahora que antes? Gloria a Dios por sus promesas.
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