"Atenderá la oración de los desamparados, y no desdenará sus ruegos".
(Salmo 102:17).
En los mejores momentos del hombre, éste acostumbre olvidar a Dios. Creemos que cuando estamos bien o hemos logrado lo que creíamos como meta... Dios no nos hace falta, es más, nos estorba con su normas, sus estatutos, y sus mandamientos. Pero, cuando caemos en los valles, cuando la pena o la angustia llegan a nuestra vida... entonces lo buscamos con desesperación.
En su misericordia y en su gran amor, él está esperándonos con sus brazos abiertos y su corazón atento a lo que querramos. El oye la oración de los desamparados y extiende su oído a los ruegos de angustia que emitamos. Busquémoslo en las buenas... pero no tengamos temor de buscarlo en las malas.
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