"Los dos habían acumulado tantos bienes que no podían estar juntos".
(Gènesis 36:7).
Esaù y Jacob al fin hicieron las paces después de 20 años de conflicto entre ellos. Dios permite que Jacob regrese de tierras lejanas y se instale en Canaán. Canaán es un extenso territorio pero resulta que el haber hecho las paces, hace que Dios "multiplique la bendición en ambos". Es por ello que ambos crecen en gentes y en ganados al grado de no caber en tan extenso territorio.
Muchos creyentes cuando ven a alguien multiplicar sus bienes exclaman: "te bendijo el Señor". Pero no es así. Benditos ya somos desde el momento en que el Señor nos eligió para que le siguiéramos, al multiplicarse nuestros bienes lo que el Señor està haciendo es "prosperarnos" que es una promesa que èl ha hecho para los suyos, que cumplen con ser fieles a èl. La prosperidad es producto de nuestra paz con Dios.
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