"Juntò alimento como quien junta arena del mar, y fue tanto lo que recogió que dejó de contabilizarlo".
(Gènesis 41:49).
La mano de Dios estaba con Josè a tal grado, que dicen las escrituras que hubo tanta abundancia que tuvieron que hacer silos nuevos y grandes durante los años de abundancia, y hasta dejaron de llevar el control de tanto que habìa. Aquí hemos de ver algunas lecciones: Primera, Dios cumple siempre sus promesas. ¿Recuerda usted los sueños de Josè?, pues aquí se estaban empesando a cumplir. Segunda, cuando la abundancia llega, no es tiempo de derroche sino de guardar. Tercero, se guarda no sòlo para tener para uno mismo y la familia, sino para compartir con los que no tienen.
Lo que guardamos servirá primeramente para cumplir nuestras necesidades, pero también la de los insensatos. Los insensatos tendrán que pagar un precio por lo que nosotros tenemos, pero no morirán de hambre. Esa, es una ley de Dios que se ha repetido toda la vida y se seguirà repitiendo.
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