"Judà se apartò de sus hermanos, y se casò con una mujer cananea llamada Sùa, la cual le pariò tres hijos: Er, Onàn y Selà".
(Gènesis 37:1-11).
Los humanos cometemos muchas equivocaciones, pero, una de las màs importantes o significativas en la vida es la mala elección de la pareja. En èste ejemplo que nos ocupa fue un hombre el que se equivocò pero en la vida vemos a mujeres haciendo lo mismo... eligiendo a la pareja equivocada. Dios había dicho que no se casara su pueblo con mujeres de otros pueblos, sus razones tenía. Pues las costumbre eran diferentes; la forma de vida era diferente; la visión de la vida eterna era diferente; el propósito era direfente.
Tanto Er como Onàn no sabían respetar el matrimonio, eso, no era producto del ejemplo de Judà sino del ejemplo de Sùa, la madre. Sus costumbres acerca del matrimonio, el respeto, la finalidad, el objetivo no estaban en el corazón de esos muchachos, por ello no podían cumplir con agradar a Dios. La pregunta es: ¿Estamos educando a nuestros hijos para que agraden a Dios en su matrimonio, o quizás por esa falta de educación es que hoy en dìa los jóvenes se divorcian como cambiarse de ropa?
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