"No permitas que mi corazón se incline a la maldad, ni que sea yo cómplice de iniquidades; no me dejes participar de banquetes en compañía de malhechores".
(Salmo 141:4).
En èste mundo tan corrupto y depravado en el que estamos viviendo, es muy fácil, en el afán que tenemos de conseguir el sustento diario, sentarse a la mesa a comer con malhechores, con gentes del mal vivir, pero que tienen el dinero que nosotros necesitamos. Oremos a Dios, confiemos en Dios, tengamos paciencia en los planes de Dios para no caer en esas andanzas. El dinero que viene de esas fuentes, si nosotros lo hacemos con conocimiento de causa es malo. Muy aparte es, cuando la escritura menciona que el dinero del impìo será para el justo. Pero eso es, primero, cuando uno no lo busca; y segundo, cuando llega sin nuestro conocimiento y consentimiento.
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