"Hacia ti extiendo las manos; me haces falta, como el agua a la tierra seca".
(Salmo143:6).
Muchos, hoy en dìa, nos proclamamos creyentes o cristianos, lamentablemente nuestro sistema o forma de vida todavía carece de esa fuerza o motivación, de la cuàl sì hicieron evidencia quienes formaron la antigua iglesia cristiana. No decimos que seamos una vergüenza para la iglesia de Jesucristo, pero sì creemos que estamos en la obligación de mejorar. Eso sòlo sucederà si realmente anhelamos a Dios como la tierra seca anhela el agua. Pues no se trata de ver pasar los días haciendo y siendo los mismos, sino que quienes nos rodean vean un cambio diario y radical en nosotros. Así anhelaràn ese mismo camino.
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