"Un hombre llamado Ananías también vendiò una propiedad y, en complicidad con su esposa Safira, se quedó con parte del dinero y puso el resto a disposición de los apóstoles".
(Hechos 5:1-2).
En la iglesia primitiva como hemos venido viendo, todos vivìan y trabajaban para todos, pero, la ambición, el engaño y la mentira son factores que pueden causar mucho daño a las personas. Ananías y Safira no tenìan necesidad de entregar el dinero del terreno, no tenìan por què mentir a los apóstoles, y es màs, no tenìan por què quedarse con parte del dinero. ¿Para què necesita uno dinero en un lugar en donde lo tiene todo gratis? Pero, la ambición, el engaño y la mentira los consumieron hasta la muerte. Cuando hagamos promesas materiales o espirituales no permitamos que la ambición, el engaño, o la mentira nos eviten cumplirlas, pues nos puede traer hasta la muerte física.
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