miércoles, 8 de enero de 2014

"En el monte al que subas moriràs".

"Desde entonces no volvió a surgir en Israel otro profeta como Moisés, con quien el Señor tenía trato directo".
(Deuteronomio 34:10).

No ha habido en la historia de la iglesia de Dios, otra persona a la cuàl Dios haya tratado tan preferencialmente como lo hizo con Moisés. El hombre màs manso que ha existido después de Cristo. No hay quien, dentro del cìrculo de la iglesia de Dios, que no deseemos la presencia de Dios viva y eficaz como la tuvo Moisés. Pero, el punto es, que nos gusta la gloria pero sin pagar el precio de la misma. Queremos la honra, pero no queremos sufrir el precio que conlleva. Queremos los puestos de honor, pero no queremos realizar el esfuerzo que ello conlleva.

Para estar en donde Moisés estuvo, tenemos que subir al monte en donde hemos de morir a lo que somos, a lo que queremos, a lo que anhelamos, para poder hacer única y exclusivamente lo que Dios quiere de nosotros. No podemos tener la honra sin pagar el precio; no podemos tener los puestos de privilegio sin haber pasado un proceso. No podemos subir el monte sin esfuerzo alguno, para subir el monte no hay ascensores, no hay escaleras eléctricas, no hay comodidades...hemos de subirlo con esfuerzo arduo y morir en la carne en el intento.

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