"Dios da sabiduría, conocimientos y alegría a quien es de su agrado".
(Eclesiastés 2:26a).
Es increíble còmo el ser humano se afana en conseguir sabiduría, noches de desvelo, investigaciones eternas, pruebas y pruebas para llegar a un resultado final, etc. Cuànto tiempo invierte en adquirir conocimiento, en nuestro medio al menos cuatro años de pre-kínder, seis años de una primaria, cinco años de un bachillerato, cinco o màs años de universidad, etc. Y què decimos de alcanzar la felicidad por nuestro propios recursos, casi que es infinita la cantidad de caminos que tomamos para no alcanzarla o casi nunca alcanzarla. Pero Dios dice que a quien lo agrada, a ese èl le da todos esos atributos.
Y, sin embargo, a quienes pecan nos dice el final del versículo que Dios le da la "tarea" de acumular màs y màs, para luego dárselo a quien es de su agrado. En otras palabras, quien agrada a Dios no solamente recibe sabiduría, conocimiento, sino también alegría. Con razón hay un verso que nos enseña: "Cuando es Jehová quien nos enriquece, no añade dolor con esa riqueza" (Proverbios 10:22).
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