viernes, 20 de junio de 2014

No tuve ningùn provecho.

"Considerè luego todas mis obras y el trabajo que me había costado realizarlas, y vi que ningún provecho se saca en esta vida".
(Eclesiastés 2:11).

Salomòn termina el segundo capitulo de Eclesiastés con èstas palabras. Pero lo que parece increíble es la lista que antecede a èsta declaración: "Provè placeres; me entreguè al vino; realicè grandes obras; plantè viñedos; cultivè huertos y jardines; me hice de esclavos y esclavas; tuve mucho màs ganado que nadie en la historia; amontonè oro y plata; tuve cantores; formè mi propio harèn; me engrandecì en gran manera... pero descubrì que ningún provecho se saca de todo esto".

Volvemos a lo mismo, el hombre màs sabio que ha puesto Dios sobre la tierra nos dice que ningún provecho se saca de tanto afán. Que lo mejor es que el hombre goce, disfrute, se deleite cada dìa como si fuera el último de su existencia, pues los muertos nada son. Esto, por supuesto, no implica que seamos irresponsables. Pues èl mismo dice: "Y en ningún momento perdí la sabiduría".

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