"Te he quitado la carga de los hombros; tus manos se han librado del pesado cesto. En tu angustia me llamaste, y te librè; oculto en el nubarrón te respondì... ¡Ay Israel, si tan sòlo me escucharas!".
(Salmo 81:7-8).
El salmista està haciendo un recordatorio al pueblo de Israel de todas las maravillas que Dios ha hecho por èl, y, que a pesar de que nadie sino tan sòlo Moisés le había visto cara a cara, èl siempre habìa estado allì. El siempre habìa respondido a sus necesidades; èl siempre los habìa librado de los peligros; èl siempre los había proveìdo de alimento y cobijo... pero el pueblo siguìa sin obedecerle y adorarle.
¿No somos nosotros idénticos al pueblo en el desierto? ¿No somos nosotros de los que gemimos a la hora de la angustia, pero cuando la respuesta viene nos olvidamos de agradecer, obedecer y adorar? ¿No somos nosotros los que solo porque no lo vemos, creemos que son nuestras fuerzas las que nos sacaron de donde estábamos, y que ahora estamos en donde estamos por ese esfuerzo propio? Entendamos, no lo vemos... pero èl siempre ha estado allì.
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