domingo, 22 de junio de 2014

Para mi sucesor.

"Aborrecì también el haberme afanado tanto en esta vida, pues el fruto de tanto afán tendría que dejárselo a mi sucesor... y ¿Quièn sabe si èste sería sabio o necio?.
(Eclesiastés 2:18).

Hay personas que su afán es el trabajo y el amontonar riquezas pero se les olvida entrenar, educar, o enseñar a sus descendientes a producir. Es màs, por lo general las descendencias de muchos acaudalados se dedican tan solo a gastar lo que su padres producen. Salomòn pregunta ¿què provecho tiene esto en la vida?

Ahora bien, no necesariamente tenemos que ser grandes acaudalados para cometer este error. Nuestro deber como padres es educar o enseñar a nuestros hijos a cuidar y a hacer producir lo poco o mucho que el Señor nos haya permitido tener o hacer. Sin llegar a extremos de dejadez o codicia, hemos de enseñarles a nuestros hijos a "apreciar" cuanto Dios nos permita tener, y, por supuesto, enseñarles a "compartir" con el necesitado. Esto último agrada sobre manera el corazón de Dios.

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