"Y considerè màs felices a los que ya han muerto que a los que aùn viven, aunque en mejor situación estàn los que aùn no han nacido, los que no han visto aùn la maldad que se comete en esta vida".
(Eclesiastés 4:2-3).
Si como humanos esperamos una felicidad material completa, estamos equivocados. Alguien pensarà que tener mucho dinero le darà la felicidad, hemos conocido personas con mucho màs dinero del que pudieran poder gozar y gastar en la vida, y no son felices. Otro màs pensarà que ser poderoso lo haría feliz, en todos los reinados de la historia podemos ver vergüenzas, desgracias y traiciones que no los dejan ser felices.
Dice Salomòn que el vivo puede ser felìz un poco, que el muerto es màs feliz aùn, pero que el que no ha nacido es todavía màs feliz, pues no ha conocido las maldades que se cometen en èsta vida. Tenemos que entender que la felicidad nos viene únicamente por caminar con Dios. De lo contrario el hombre solo no la puede alcanzar. Salomòn dice en los versos superiores que nuestra felicidad es cortada por tanta opresión que los opresores hacen sobre los hombres. Y tristemente, nuestros opresores somos nosotros mismos, cuando por desobedecer no recibimos lo que Dios querìa darnos.
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