"Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que lleguen los días malos y vengan los años en que digas: No encuentro en ellos placer alguno".
(Eclesiastés 12:1).
La juventud, etapa de la vida del hombre y la mujer en que uno piensa que a los viejos les costò un mundo llegar, pero que pronto pero muy pronto, alcanzamos todos. Nos recomienda Salomòn algo muy sabio: "Joven, en esos años, acuérdate de tu creador... antes de que vengan los años en que digas: No encuentro en ellos placer alguno".
El tiempo pasa muy pronto y es inexorable, la vida se va muy luego para quienes llegamos a la vejez, y mucho màs rápido para los que mueren jóvenes. Quizás nosotros no tuvimos la suerte de tener alguien que nos guiàra en los años de la juventud, pero hemos llegado a la vejez. Es nuestra obligación guìar a nuestros jóvenes en los caminos de Dios para romper esas ataduras, esas cadenas, que inutilizan a nuestras generaciones en el mundo de la maldad. Si nosotros no la tuvimos dèmosles a ellos esa preciosa oportunidad para que sufran menos que nosotros.
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