viernes, 19 de septiembre de 2014

Debes soportar.

"Tù también, con el poder de Dios, debes soportar sufrimientos por el evangelio".
(2da. Timoteo 1:8).

Si algún oficio, trabajo, àrte o profesión, como usted prefiera llamarlo, es agradable y trae consigo muchos rèditos espirituales es predicar la Palabra de Dios. Ahora bien, muchos piensan que ejercer esa profesión, implica hoteles cinco estrellas, vuelos en avión en primera clase, primeros lugares en cualquier lugar, comidas de lujo, aplausos y vivas a donde llegan, etc. Lamentablemente y gracias a Dios, eso no necesariamente es así.

Quienes predicamos la Palabra de Dios hemos de estar conscientes que: "Todos los patriarcas sufrieron en el nombre de Dios; Jesucristo sufrió en el nombre de Dios; los discípulos sufrieron en nombre de Dios; Pablo, heraldo del Nuevo Testamento, sufrió en el nombre de Dios. La pregunta es: ¿Si hacemos lo mismo que ellos, quiènes somos nosotros para no sufrir lo mismo que ellos? NO, y lo repetimos NO estamos diciendo que se trate de un "continuo" sufrimiento, pero, si creemos lo que Pablo predicaba: "Es necesario que por MUCHAS TRIBULACIONES, entremos en el Reino de Dios" (vea Hechos 14:22). 

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