"Ejercita el don que recibiste mediante profecía, cuando los ancianos te impusieron las manos".
(1era. Timoteo 4:14).
Pablo le recomienda a Timoteo que "ejercite", que ponga en "movimiento", que ponga en "pràctica" el don que recibió de Dios cuando los ancianos le profetizaron. Esto nos da al menos dos lecciones a aprender. La primera, es que es Dios quien concede los recursos para nuestro ministerio, por ello le dice el "don" que recibiste mediante profecía. Lo que implica que el ministerio no es una decisión personal, sino una vocación de parte de Dios.
Y, la segunda lección, es que no debemos avergonzarnos o de reprimir el ejercitar el servicio, la consolaciòn, la intercesión, el enseñar la palabra de Dios, si ese es el "don" que recibimos de parte de Dios. Ese "don" que recibimos de parte de Dios es un "talento", y Dios no quiere que enterremos nuestro talento sino que lo trabajemos, para que, cuando èl nos pida cuentas seamos encontrados fieles y probos.
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