"Pues Dios nos salvò y nos llamò a una vida santa, no por nuestras propias obras, sino por su propia determinación y gracia".
(2da. Timoteo 1:9).
En èsta porción de 2da. de Timoteo, así como en el primer capìtulo de la epístola a los Efesios, Pablo no deja ninguna duda de dos verdades: la primera, es que Dios en su soberanía elige a quien èl quiere para que sea su seguidor, no es el hombre quien decide sino Dios, y lo decidió no hace un mes ni hace cien años sino desde "antes" de la fundación del mundo. "Antes" que la caída de Adàn y Eva fueran una realidad.
Y la segunda verdad, es que, así como la "predestinación" existe también existe un "propósito personal para cada elegido". Pablo dijo tambièn: "No depende del que corre ni quien quiere..." (Romanos 9:16). Así, pues, vemos que el propósito de once discípulos era llevar el evangelio a los judíos, pero el de Pablo era traerlo a nosotros los gentiles.
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