"Pues Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio".
(2da. Timoteo 1:7).
Cuando hacemos una "confesiòn pública de fe, admirable dice Pablo", automáticamente, por decisión de Dios, recibimos un espíritu de poder, el cual nos "capacita" para aprender directamente de Dios sus verdades y sus secretos. Recibimos un espìritu de amor, el cual nos "capacita" para compartir esas verdades y esos secretos. Y, recibimos un espíritu de dominio propio, el cual nos capacita para poder "soportar" las inconveniencias, los sufrimientos, y las persecusiones que la predica de la Palabra de Dios conlleva.
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