"El Espíritu Santo estaba con èl, y le había revelado que no moriría sin antes ver al Cristo del Señor".
(Lucas 2:25-26).
Simeón, un anciano digno de sana envidia por parte nuestra. Pasò muchos años esperando una promesa: "No moriràs sin ver al hijo de Dios". Y èl la creyó. Un ejemplo claro de fe y paciencia. La escritura no dice cuàntos años pasò esperando la promesa, pero no solamente la creyó sino esperò atento.
Tan atento, que en cuanto oyò otra vez la voz que le dijo: "Ahora, ve al tempo". Fue, y su fe y paciencia fueron recompensados... viò al Hijo de Dios. Y, como las mujeres no podían entrar al templo, encima èl tuvo el privilegio de presentar el niño en el altar y orar por èl. ¿Por què vivió todo eso? Porque creyó lo que le habían dicho.
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