martes, 25 de marzo de 2014

Llevado al desierto.

"Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu al desierto".
(Lucas 4:1).

No conocemos un creyente que no quiera ser lleno del Espíritu Santo, es el galardón màs preciado de un creyente. Pues, sabe que, siendo lleno del Espíritu Santo, la obra que Dios le designe hacer la hará a la perfección. Si enseñanza, si sanaciones, si consolaciones, si servicio, etc. Pero, lo que no entendemos es que "antes", y en muchas ocasiones también después, hemos de entrar en un desierto.

¿Cuàl es la razón por la cuàl Dios permite que entremos en el desierto? Simplemente para que entendamos que somos simples mensajeros y no los autores de los milagros. Si no fuera por los desiertos nos enorgullecíamos y nuestro ministerio moriría antes de empezar. Pero entendamos también que, somos llevados y somos sacados de esos desiertos "por" el Espíritu de Dios no por mano de hombre.

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