miércoles, 9 de julio de 2014

Autodestrucciòn.

"No seas demasiado justo, ni tampoco demasiado sabio. ¿Para què destruirte a tì mismo?
(Eclesiastés 7:16).

La humanidad como gènero tiene normas y reglas de vida. Los hijos de Dios como pueblo de Dios tenemos normas y reglas què cumplir. Lo que le agrada y admira la humanidad de una persona, es que aquella persona cumpla y respete aquellos lineamientos que se la han impuesto, y que por tanto sea un ejemplo a seguir. Cuànto màs no será respetada y digna una persona que llamándose "cristiana" sea ejemplo a quienes le rodean, sean èstos cristianos o no.

Sin embargo, Salomòn nos menciona que en toda regla hay excepciones. No nos està diciendo que seamos rebeldes o desobedientes, pero sì, que nuestra búsqueda de ser cumplidores no sea extrema. Jesús mismo lo demostró con el cumplimiento del sábado. Hay momentos por ejemplo, en que si usted dice "toda" la verdad, va a destrozar a alguien, entonces ¿por què decirla? En ocasiones, para èste caso, por ejemplo, no necesita usted decir "toda" la verdad si eso implica lastimar a alguien de por vida. No le incitamos a que mienta, pero sì a que sea "prudente". No confundamos la santidad extrema con agradar a Dios, no lastimando a uno de sus pequeños. Jesús no lo hizo. Y Salomòn sentencia: ¿Para què destruirte a tì mismo?

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