jueves, 3 de julio de 2014

Quien ama el dinero nunca se sacia.

Quien ama el dinero, de dinero no se sacia. Quien ama las riquezas nunca tiene suficiente.
(Eclesiastés 5:10).

Uno de los grandes problemas del hombre es el amor al dinero. No negamos que todos lo necesitamos para cubrir nuestros gastos y necesidades mensuales. Y no negamos que cuando no llegan con regularidad nos afligimos, y habemos quienes, hasta nos enfermamos. Pero de eso, a no dormir pensando còmo acumular riquezas es otro problema.

Dios desea que sus hijos tengan y tengan lo suficiente, pero lo que no quiere es que pongamos los ojos en el dinero que èl nos da, en lugar de ponerlos en su mano que es quien nos lo da. Dios tiene, puede y quiere bendecirnos con prosperidad pero si no ponemos los ojos en eso. Sòlo pensar en el dinero, y pensar en solo saciar nuestras necesidades y gustos no le agrada a Dios. Pues su Palabra expresa que cuando hemos cubierto nuestras necesidades, entonces nos extendamos a otros necesitados. Eso agrada a Dios y nos provee de màs recursos. Porque el dinero egoístamente manejado no le agrada a Dios.

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