"Cuando hagas un voto a Dios, no tardes en cumplirlo, porque a Dios no le agradan los necios. Cumple tus votos: Vale màs no hacer votos que hacerlos y no cumplirlos".
(Eclesiastés 5:4).
El ser humano està acostumbrado a hacer promesas sin pensar si las puede o no cumplir. Esta pràctica viene desde antaño, prueba de ello es que Salomòn nos la menciona en èsta parte de Eclesiastés. Pero le añade una advertencia: Si haces un voto a Dios... no le falles, ni siquiera te tardes en cumplirla. ¡Què delicado es hacerle promesas a alguien y no cumplirle! ¿Cuànto màs delicado es hacérselas a Dios y tardarse en cumplir o no cumplirlas nunca?
Muchos son los que prometen a Dios hacer esto o aquello, o, a dejar de hacer esto o aquello... mientras que reciben el favor de Dios. Pero una vez recibido ese favor se olvidan de lo que prometieron, y, como Dios es tardo para enojarse y para airearse contra el hombre... piensan que Dios también es olvidadizo. ¡Cuidado! Terrible cosa es, dice la escritura, caer en manos del Dios viviente.
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