lunes, 21 de julio de 2014

Los vivos y los muertos.

"Porque los vivos saben que han de morir, pero los muertos no saben ni esperan nada, pues su memoria cae en el olvido".
(Eclesiastés 9:5).

Hay personas que no pueden vivir o insisten en hablar con los muertos. Nos dice la escritura que aunque pudiéramos hablar con ellos: ¡Ellos no saben nada, ni esperan nada! Son los vivos los que saben algo: ¡Que algún dìa morirán!  Nos dice Salomòn de los muertos que: "sus odios, sus amores y pasiones llegaron a su fin, y que nunca màs volverán a tener parte en èsta vida".

Es ahora, es hoy que estamos vivos que podemos hacer un camino, que podemos dejar un ejemplo, que podemos enseñar, instruir, que podemos hacer algo por nosotros, por los nuestros, y por el prójimo. Ciertamente al morir dejaremos una herencia, pero es una herencia muerta, que no habla, que no dirije, que no explica, que no enseña. Prueba de ello, es lo que nos dice el mismo Salomòn: "De què sirve tanto trabajo y amontonar riqueza, si no sabemos si quien la hereda será sabio o no".

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