He visto un mal terrible en esta vida: riquezas acumuladas que redundan en perjuicio de su dueño, y riquezas que se pierden en un mal negocio.
(Eclesiastés 5:13).
Esta declaración de Salomòn, quienes ya somos de la tercera edad pudiéramos refrendarla en cualquier momento y en cualquier lugar. Durante los años de vida que el Señor nos ha dado, hemos podido ver còmo personas trabajadoras, disciplinadas, ordenadas y dedicadas, han acumulado ciertas riquezas, pero lamentablemente no han sabido educar a sus hijos en la administración de las mismas, y èstos las han perdido con relativa facilidad en un mal negocio.
Y esto, sucede igualmente en lo espiritual. Que alguien acumule una riqueza de varios millones de dólares y la pierda, es lamentable, pero, màs lamentable aùn es que alguien no sepa administrar la vida espiritual de sus hijos, y que èstos se pierdan para siempre. Hemos visto grandes fortunas perdidas y recuperadas de vuelta, pero jamàs hemos visto una vida perdida que se vuelva a recuperar. Esto sì que es un mal terrible.
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